Tengo una jefa en casa

Son las siete y media de la mañana de un viernes laborable cualquiera y una niña duerme serenamente en su cama. Al acercarme la veo completamente destapada, como si hubiera librado una batalla durante horas que la hubiera dejado fulminada, exhausta, fuera de combate, pero al mismo tiempo con la seguridad de quien se sabe victorioso en la contienda.

No repara en mi presencia porque su sueño es intenso, muy intenso. Blanca está muy lejos de su cama, de su habitación, de su casa. Nadie sabe adónde va ni lo que hace, sólo ella sabe, sólo ella hace.

No intento despertarla dulcemente. Esto no funciona con personas de carácter y fuerte personalidad. La experiencia me ha enseñado que lo mejor es un mensaje más directo: “Blanca, es hora de levantarse. Viernes, último día de la semana”. Entonces veo cómo Blanca comienza el regreso, casi soy capaz de percibir cómo se despide del mundo de los sueños y pone rumbo hacia mí, hacia el mundo real. Le pregunto cualquier cosa para comprobar que ya está aquí y la dejo aterrizar suavemente.

En unos minutos vuelvo y compruebo que está completamente activada y llena de energía. Ha hecho su cama y ordenado la habitación. Y entonces empieza a disparar… “Papá, ¿me firmaste la autorización que te dejé ayer en tu habitación?”, “papá, ¿me has arreglado el tarjetero de plástico que se me había roto?”, o cualquier otra asunto.

Estas preguntas, que parecen inofensivas a simple vista, esconden detrás el ejercicio de seguimiento que hace Blanca sobre todas las cosas que va encargando. Y es que Blanca actúa siempre así: primero encarga las cosas, espera un tiempo prudencial y luego te hace el seguimiento, como lo haría una jefa. Pero lo increíble de este comportamiento, es que le sale de forma completamente natural, como si formara parte de su ADN y de su cerebro reptiliano: preguntas y respuestas directas, reflejas, instintivas.

Vengo observando este comportamiento desde hace ya mucho tiempo, pero precisamente en esta etapa de pubertad por la que está transitando ahora mismo Blanca, se está acentuando muchísimo. Su seguridad en sí misma, junto con la energía que despliega en todo aquello en lo que se involucra, y esa forma de encargar tareas y hacer su seguimiento ya le confieren a día de hoy unas dotes de mando muy visibles entre los que convivimos con ella a diario.

Así que, claramente, me ha tocado una jefa en casa.